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El placer de viajar en Globo PDF E-Mail
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Escrito por Milton Saldivia C.   
martes, 20 de octubre de 2009

El placer de viajar en Globo

La aerostación es la forma más antigua de volar, una de esas experiencias que se deben probar alguna vez en la vida. Desde aquel vuelo realizado por los hermanos Joseph y Etienne Montgolfer, hasta nuestros días el globo no ha variado la esencia de su vuelo. Unicamente, la tecnología y los nuevos materiales empleados en su construcción y las modernas técnicas de pilotaje, hacen de su empleo una forma mucho más segura y confortable. Aún a pesar de los veloces tiempos que vivimos, los globos siguen manteniendo inalterable su sensación de serenidad y su espíritu aventurero. El primer globo fue fabricado por los hermanos Montgolfler en noviembre de 1.782, siendo el primer vuelo con pasajeros el 14 de diciembre de 1.782. Los dos primeros pasajeros fueron un pato y una oveja, los dos regresaron a la tierra vivos y coleando, siendo los protagonistas en una hazaña que iba a marcar historia. El 21 de noviembre de 1.783 Pilatre de Roziers y Arlandes fueron los primeros hombres que consiguieron volar por primera vez en un globo de aire caliente. La hazaña les llevó a una distancia de 1.000 m. en 28 minutos.

Desde entonces, el continuo afán de volar libre ha hecho del globo una aventura segura y fascinante. Una experiencia que se queda grabada en la memoria para toda la vida. Disfrutar de un paseo en globo no sólo no presenta ningún peligro sino que, según muchos expertos, constituye la forma más segura de volar. No en vano se toman todas las precauciones para que así sea. El riesgo puede considerarse nulo. Solo se vuela si las condiciones atmosféricas son favorables y las travesías se realizan con viento suave.

Cuando comienzan los preparativos con el inflado, comienza en si la aventura. No tienes más que relajarte y sentir el contacto directo y permanente con al naturaleza. Cualquier persona puede imaginar la maravillosa experiencia que puede suponer una travesía a bordo de un globo. Viajar en globo es, sobre todo sentir, es descubrir un mundo de sensaciones y placeres dentro del viento. Poder contemplar un amanecer suspendido en el aire es del todo emocionante. Se diría que quien se mueve no eres tú, sino la tierra, que parece alejarse bajo tus pies. Subir a un globo es dejarse volar, suave, ligera e imperceptiblemente.

Lo sorprendente, es que todo el mundo puede disfrutar de esta actividad, la sensación de calma que se produce por el deslizamiento dentro de la masa de aire elimina el vértigo.


Todo el mundo ha deseado alguna vez probar las delicias del vuelo con motor o la tranquilidad de dejarse transportar en una pompa gigante, quienes ya han tenido la suerte de ascender en globo, no encuentran todas las expresiones que puedan describir con exactitud sus vivencias: “Un momento único, sobrecogedor. Nadie que no lo haya vivido no puede ni imaginar lo que supone contemplarse así, flotando en las alturas, sobrevolando preciosos páramos, contemplando la majestuosidad de las montañas, el discurrir de los ríos convertidos en pequeñas arterias, las diminutas aglomeraciones de casas que conforman los pueblos, dejando volar tu mente en busca de emoción y aventura. Y todo ello rodeados de una apacible calma. Visto así desde el cielo, el mundo adquiere una nueva perspectiva, parece como si la realidad de las cosas cobrase un nuevo significado.”

“Un viaje en globo, en ningún modo puede considerarse una experiencia individual: la emoción del ascenso, la percepción del espectáculo, la conciencia del aire fresco y limpio que dirige nuestro rumbo, las nubes al alcance la mano… son sensaciones que nos embargan a todos por igual, creando un espíritu y una vibración común en la que la impresión particular es una impresión compartida”. Ellos, Carmen y José Carlos, ya han pasado a formar parte de una clase especial de hombres y mujeres que han disfrutado de esta experiencia.

Cuando y como
Cualquier día del año, en cualquier estación, siempre que el tiempo lo permita. Incluso en invierno es una de las épocas más favorables para volar. Las mejores horas para volar son en las que “el viento cae”: al amanecer y al atardecer. Conforme el sol va calentando la atmósfera, hacia las horas centrales del día, se levantan brisas que obligan a aterrizar.
Contando siempre con que las condiciones meteorológicas sean favorables, existen infinidad de empresas especializadas que organizan vuelos de hasta una jornada completa de duración, o paseos, con una duración de más de una hora, en los que llegan a recorrer entre los diez y veinte kilómetros, dependiendo de la intensidad de la brisa.
Aunque el lugar de aterrizaje siempre es un misterio, el piloto optará siempre por una zona accesible para el vehículo de apoyo que vigilará constantemente desde tierra tu trayectoria. La misión del piloto y todo el equipo de apoyo será ofrecer el máximo de emociones bajo estrictos parámetros de seguridad para proporcionar al viajero una experiencia única, con todas las condiciones necesarias para hacer de ésta, tu aventura, un recuerdo perdurable.

Que no se te olvide cargar con la cámara de fotos o video con suficiente película o memoria. Podrás llevarte de recuerdo bellísimas panorámicas que querrás guardar para siempre. Disfrutarás de magníficas vistas de 360º combinada con la serenidad y el
placer de flotar al ritmo de la suave brisa. Comprobarás que nada se le compara…

 
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